Silvia Irigaray es la madre Maximiliano Tasca, uno de los tres jóvenes asesinados por un suboficial de políca en lo que se conoció como la Masacre de Floresta el 29 de diciembre de 2001. Silvia transformaría el dolor en vida siendo una de las cofundadores de Madres del Dolor y militante por la donación de órganos.


 

Nueva edición de Se Hará Justicia con la conducción de la Dra. Verónica Ottaviano. En esta ocasión con la visita de Silvia Irigaray, referenta de Madres del Dolor y activista por la donación de órganos vitales. Cómo cambiar el dolor de la pérdida de un hijo en un caso emblemático de gatillo fácil en acciones para que no se repitan ese tipo de situaciones y a ello sumar una militancia para la donación de órganos. Dos formas de salvar vidas.

La vida de Silvia cambió para siempre el 29 de diciembre de 2001, en una Argentina que estaba convulsionada tras el estallido económico y social que tuvo su momento de mayor intensidad los días 19 y 20 de diciembre. En los días siguientes, las protestas continuaron y con ellas la represión policial que se había cobrado decenas de víctimas en los días previos. Un grupo de jóvnes del barrio de Floresta se encontraban en el minimercado de la estació de servicio de Avenida Gaona y Bahía Blanca, Barrio de Floresta.

Maximiliano Tasca, Cristian Gómez, Adrián Matassa y Enrique Díaz -todos entre 23 y 25 años- hicieron comentarios criticaron el accionar policial mientras miraban la pantalla de televisión. Sin más, Juan De Dios Velastiqui, ex policía que era el custodio del lugar, disparó a sangre fría asesinando a tres de ellos, Díaz logró escapar. Inmediatamente, Velastiqui buscó fraguar una escena de enfrentamiento sin éxito. El caso se convirtió en una emblema de esos días y del gatillo fácil policial. En un juicio que se desarrolló en 2003, Velastiqui fue condenado a cadena perpetua. El primer caso de cadena perpetua por un caso de gatillo fácil por parte de un policía federal.

 

 

Verónica Ottaviano: Lo que sucedió con los Maxi, Cristian y Adrián fue un caso que ha conmovido en su momento, un caso icónico de gatillo fácil. A partir de ahí iniciaste un camino que te ha llevado a ser una de las fundadoras de la Asociación Civil Madres del Dolor, a dar charlas a policías, a reivindicar a la justicia restaurativa y a ser una activista promoviendo y generando protocolos para la donación de órganos. 

Silvia Irigaray: Mi vida a partir de aquel momento cambió, yo le prometí a Maxi que todos los días lo iba nombrar y siempre iba a estar activa por él. De esa manera él sigue muy cerca mío, lo siento. Me parece importante el efecto de la palabra, como uno le puede llegar al otro. Pasaron muchos años y yo creí que la violencia iba a quedar atrás, pero sigue siendo cosa de todos los días y duele.

V. O.: Siempre le diste un gran valor a la palabra. En tus charlas con policías les decís que dejen de usar las armas y empiecen a usar la palabra. Sin embargo, la palabra también puede destruir. Nos contabas fuera del aire una anécdota de algo que te pasó ayer…

S. I.: Ayer tomé un taxi y el chofer estaba muy violento, insultaba a cuanto auto pasaba, pero me colmó la paciencia cuando le habló a una mujer.  Le dije: «Señor, creo que no está bien todo lo que está haciendo y diciendo, es muy violento con la palabra». Se acomodó el espejo para mirarme y me dijo: «Yo no soy violento». Le repetí todo lo que había pasado en 15 minutos. Le di la oportunidad de que se calme y me preguntó: «¿Y usted qué, se dedica a la salud?». Le dije: «No, me dedico al dolor». Le empecé a ubicar la zona de Gaona, en Floresta, y no terminé de decirle la ubicación cuando me dijo: «Sí, ¡donde bajaron a los tres cacos!». Apoyando lo que había hecho el policía. ¡24 años después todavía pensaba que estuvo bien que mataran a Adrián, Cristian y Maxi porque habían entrado a robar!

 

 

V. O.: Además de violento, desinformado…

S. I.: Desinformado. Le dije: «Mire, yo soy la mamá de uno de ellos». Se desfiguró. Le conté lo que ocurrió, que no es que yo estaba en el lugar sino a pocas cuadras, pero que hubo testigos y que Juan de Dios Velaztiqui fue el autor. La cajera, Sandra, fue una testigo fundamental en el juicio porque contó cada movimiento, cómo el policía sacó un cuchillo Tramontina de abajo de su chaleco antibalas y se lo quiso poner en la mano a Cristian ya muerto para simular un robo. Juan de Dios Velaztiqui fue el primer policía de la Federal en tener perpetua y, sin embargo, ayer me encuentro con una persona que cree que estaban bien muertos por ser ladrones. Es tremendo porque los chicos estaban sentados comentando la violencia de una Argentina que se caía pedazos y él les dispara por la espalda. Después se supo que tenía unos chanchullos en su historia, entre otros problemas. Una personas que nos debería cuidar…

V. O.: Tres vidas. Maximiliano tenía 25 años, Cristian también 25 y Adrián 23. Chicos muy jóvenes que estaban mirando la televisión y se encontraron con este desgraciado que les quitó la vida. Y sin embargo, en lugar de tomar venganza, sos cofundadora de la asociación civil Madres del Dolor. ¿Qué actividad realizan allí?

S. I.: Quiso el destino, o fueron nuestros hijos e hijas, los que nos unieron porque son todos casos en el transcurso de ese año. ¿Y para qué nos juntamos? Para abrazar. Todas hemos tenido la gran dicha de que la gente que no nos conocía se emocione. El abrazo es el gran alimento, es el amor que te está mostrando una persona. Pensar que alguien violento te quite la vida.

V. O.: ¿Cómo era Maxi?

S. I.: Para las mamás siempre los hijos son lindos, pero Maxi tenía una sonrisa hermosa, grande, era un chico muy alegre. Se había recibido de Licenciado en Relaciones Internacionales. Les decía a los amigos: «No hay que perder mucho tiempo en dormir, hay que aprovechar la vida». Trabajaba conmigo, estudiaba, era murguero en Floresta, tocaba la batería en un grupo, disfrutaba mucho de la vida y era fanático de Boca y de All Boys.  Era de disfrutar realmente la amistad.

 

 

V.O.: Maxi a los 18 años hizo una manifestación diciendo que era donante de órganos, porque bueno, sabemos que ahora con la nueva Ley Justina, con el tema de la donación de órganos, uno está como implícito si no dijo lo contrario, que es donante. Pero estamos hablando de hace muchos años atrás y en ese momento había que expresar la voluntad de donar los órganos. Y Maxi ya la tenía expresada. 

S.I.: Un día en una mesa familiar, con mis hijos Pablo y Maxi que tenían 11 y 10 años yo saqué como tema de sobremesa la donación de órganos.  Mi marido, con los ojos grandes, me dice: «Eso no es tema de conversación con los chicos», ¿no? Y yo digo: «¿Por qué no?». Hablo con los chicos, que me responden: «¿Y qué es eso?». «Es ayudar a otras personas», respondí. En esos días yo iba a una cirugía y pensando que por ahí no zafaba, entonces lo quería dejar dicho. Si yo puedo ayudar a otros, pueden hacerlo. Bueno, los chicos preguntaron, yo les contesté, nunca más tocamos el tema de nada.

A cumplir los 18 años, Maxi saca el nuevo documento donde se registra como donante de órganos, tejido y para investigación. A los 25, cuando ocurre esta tragedia, siento la voz de Maxi diciendo que es donante y me comuniqué con INCUCAI para decirles. A mí me ayudó a levantar los pedazos del piso. Me convertí en militante de la donación de órganos y de la vida. Me conecta saber que Maxi no se murió del todo, dio vida.

V.O.: Frente a una situación de máximo dolor, pudiste hacerlo por tu estructura, carácter. Quizás muchas personas pierden esa oportunidad, empezaste a trabajar en un protocolo de acción de la Policía. Cómo tiene que hacer, para preservar los órganos, tejidos. Frente a una tragedia, qué tiene que hacer el personal de salud, de policía.

S.I.: Todo es a raíz de lo que pasó con Maxi, el Policía al que INCUCAI le pregunta qué fiscalía interviene le dicen «vengan mañana después de las 8». La respuesta de la Procuradora fue que tenía que ser en el momento. Eso me sirvió cuando con el tiempo conocí al Dr. Gabriel Vitale y cuando años después el entonces Ministro de Justicia de la Provincia nos planteó que sería bueno dar charlas en la Vucetich, que es la escuela de formación de policías. Ahí Vitale se encargaba de lo legal y a mí me tocaba la parte emocional. En una de las charlas uno de los comisarios nos sugirió, respecto a la donación de órganos hacer un protocolo para hechos traumáticos. De esa manera podemos ayudar a otros, esa familia rota por el dolor no sabe de que manera uno puede mejorar este gran dolor. En mi caso pude reconstruirme con lo que fui haciendo con Madres del Dolor y con la donación de órganos. Es lo más importante que pude hacer con Maxi y ayudando a otros. La donación de órganos me conecta con la vida. Ayudar a otros es lo más importante que pude hacer con Maxi.

 

 

V.O.: En mayo de este año se firmó un convenio de cooperación entre el CUCAIBA, la Procuración de la Provincia de Buenos Aires, la Suprema Corte donde se establece que van a trabajar en conjunto para este protocolo y cooperar ante la situación de un hecho traumático porque además el tiempo es oro en estos casos. 

S.I.: Hace unos años atrás hablamos de seis horas plazo para la donación de órganos, ahora hablamos de cuatro. Fue conmovedor, pero se logró. Por supuesto que se fueron corrigiendo, pero se pudo. Si nos sentamos a hablar podemos solucionar las cosas.

V.O.: Cuando viste a todos sentados a todos en esa mesa todos juntos firmando esto, ¿qué sentiste?

S.I.: Sentí que se reventaba el pecho de emoción, yo parí a Maxi un 4 de agosto, pero se me metió adentro nuevamente un 29 de diciembre. Todo llega, sentimos emoción por una misión conjunta. Maxi me unió con el Dr. Vitale. Creo que hay que ser humano, el timbre de la muerte puede tocar la puerta de tu casa. Yo no tenía nada que ver con la política o el activismo, me llevó Maxi a todo esto. Tenía una familia, disfrutaba, pero no militaba. Aprendí a cómo acompañar a la víctima, a cómo tiene que actuar un juez, los jurados. Maxi me pone personas hermosas en el camino.

V.O.: ¿Cómo es trabajar con la Justicia Restaurativa? ¿De qué se trata?

S.I.: Hubo un día hace 14 años, me llama una jueza que no conocía y me dijo que me había visto en el noticiero de Telefé y me propuso ir juntas a una unidad carcelaria. Al principio le dije que no, pero me dijo que lo piense tranquila. Cuando se lo comenté a mi otro hijo Pablo él me hizo ver que podía ser interesante. A los 20 días llamo a la jueza y le dije que sí y fuimos al penal de José León Suárez. Empecé y acá sigo, en este camino que no es solo hablarles, trabajamos para que puedan tener oficios de costura, carpintería, de estampado. Con mucha disciplina, horarios, no hay excusas. Por suerte es un éxito, no hay reincidencia en esos casos. Además hacemos talleres, conversatorios. Yo apuesto más a las mujeres que hablan del arrepentimiento. Es importante asumir la macana. Nosotros tenemos un lema que es reparar para no repetir.

Volviendo a Maxi, a veces me pregunto que sería hoy de él, cómo sería su vida. Dentro de las personas hermosas que me crucé en mi vida una de ellas fue Jorge Bergoglio. Desde el primer momento acompañó a los tres familias. En mí vió algo, me pone las manos en mi hombros y me dice: «cuando calmes tu dolor tenés una tarea por delante». Ya siendo Papa lo pude ir a ver, yo le llevé la chapita de Madres del Dolor y ahí me respondió: «que bien estás haciendo las cosas».

 

 

V.O.: Escribiste un libro, «Huellas después de la muerte de un hijo». ¿Qué te impulsó?

S.I.Estaba escribieno manuscrito para mis nietos, para que sepan del tío Maxi. Contando su historia, cosas graciosas. Y eso terminó siendo un libro. Quiero contarte que además, la banda No te va a Gustar le dedicó un tema al caso. El cantante Emiliano (Brancciari), me dijo que cuando viene a Buenos Aires «no puedo no cantarla».

V.O.: Uno de los chicos, Enrique, pudo salir corriendo y relatar lo que sucedió. ¿Cómo fue la intervención en el juicio?

S.I.: Los disparos fueron en un lugar pequeño. Enrique pudo correr de balazos que también eran para él. Fue un juicio muy rápido, donde como testigo hizo un croquis muy útil. Al terminar el juicio nos dijo que quería continuar con su vida y carrera. Debe ser muy difícil ver morir a tres amigos.

V.O.: Contás la historia de Sandra, la cajera del lugar que era cononocida de los chicos y que fue muy importante en el juicio. 

S.I.: Es muy particular la historia con Sandra. Ella tenía un problema en la vista, había quedado ciega de un ojo y el otro lo estaba perdiendo. Había una posibilidad de una cirugía importante, pero no tenía los recursos. Maxi armó una caja y la puso en el local para la colecta, para que se pudiera operar algo que finalmente se logró. Cuando Velastiqui dispara, Sandra le hace frente y le dice: «me mataste a los pibes». Ahí le apunta y le responde, «callate que también tengo para vos».

V.O.: Con la generación de Máxi de donar sus órganos hay dos personas más que pueden ver. Gracias a su generosidad.

S.I.: La cirugía de cornea que debería ser más habitual, hay más de 7.000 personas esperando córneas. Cuando me llega la carta de INCUCAI a los ochos días de enterrar a Maxi diciendo que nos agradecían, que una cornea había sido transplantada a una mujer de 31 años y otra a una mujer de 81. El corazón de Maxi fue desarmado como un rompecabezas. Se guardan las válvulas, se puede ayudar con la piel en quemaduras, transplante de huesos. Es un tema difícil, que tenemos que conversar.

V.O.: Es muy interesante y emotivo, quiero resaltar que a veces uno puede ser una víctima y salir de ese lugar, con dolor y con amor para ayudar a otros para que no se repita. Es un trabajo hormiga. 

S.I.: En mi convive el dolor, el amor, la tristeza, pero la alegría también está.

V.O.: Para vos, ¿que es Hacer Justicia?

S.I.: La justicia la hacen aquellas personas que sienten, que no se trata de un expediente, de familias que sufren. La justicia tiene que llegar de manera rápida. Es fundamental para las familias que sufren es fundamental, respeto a su muerto.