Se Hará Justicia | Derecho Penal y cine, un vida en los juzgados con el juez Edgardo Salatino

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Nueva edición de Se Hará Justicia con la conducción de la Dra. Verónica Ottaviano. En esta ocasión con la visita de Edgardo Salatino, titular del Juzgado Correccional N° 1 del Departamento Judicial de Quilmes. Repasó aspectos de su extensa trayectoria, recordó su participación en juicios por crímenes de lesa humanidad y contó de su pasión por el cine y de cómo puede ser útil para enseñar derecho.


 

«Hace 30 años que estoy en el Poder Judicial«, comenzó el diálogo Edgardo Salatino que desde septiembre de 2010 es el juez del Juzgado Correccional N° 1 del Departamento Judicial de Quilmes.

«En la secundaria ya me gustaba el derecho y la abogacía. Me gustaba poder ayudar a resolver conflictos. Mi objetivo era ser abogado y ejercer libremente la profesión en lo civil, los problemas de la vida cotidiana», recordó Salatino sobre el impulso inicial para meterse en el mundo del derecho.

Sin embargo, un poco el azar, un poco el destino lo llevó por otros caminos del proyectado inicialmente: «Siendo estudiante empecé a trabajar en un Juzgado Penal y me terminó gustando esa rama y me terminé quedando ahí».

Profundizó sobre su trayectoria: «Comencé como empleado en un juzgado federal, luego fui Auxiliar Letrado y Secretario en un tribunal en lo criminal en Quilmes.  Posteriormente fui secretario federal y mi última estadía ha sido en el juzgado correccional. Mi vida judicial ha sido entre La Plata-Quilmes».

 

 

 

CINE Y EL DERECHO, LA SÍNTESIS DE DOS PASIONES

Si hay rasgo particular de Salatino es la unión entre el ejercicio del derecho y la pasión por el cine al que utilizó como una herramienta pedagógica en su rol como docente del derecho penal y procesal penal.

«Mi pasión por el cine comenzó cuando tenía 9 o 10 años, viendo en ese momento las películas que daban por televisión, en los pocos canales de aire que teníamos en ese momento», recordó en el diálogo con Verónica Ottaviano.

«Luego, como docente universitario, me di cuenta de que el cine en la enseñanza del derecho podía colaborar muchísimo. Escribí un artículo llamado El cine como herramienta en la enseñanza del derecho procesal penal que es la materia que doy en la facultad», destacó.

Salatino dio su visión de cómo diferentes expresiones del arte pueden contribuir a una mejor enseñanza: «El cine, la literatura o la música permiten aplicar conocimientos. Por ejemplo, en un artículo sobre la figura del «arrepentido», analicé un tango de la década del 20 llamado El batidor Ignacio Corsini; todos los presupuestos normativos de la figura estaban en esa letra. En mis clases uso tres métodos de enseñanza: que el alumno vea la película y aplique institutos que aprendió sobre el derecho procesal, realizar ejercicios prácticos sobre secuencias de la película, o hacer juegos de rol extrayendo personajes».

Destacó dentro de las películas Testigo de Cargo (1957) «donde se ve un debate completo: juez, abogados, fiscales y víctimas. Hay otra que se llama 12 Hombres en Pugna (1957) muy buena para ver el concepto de duda razonable y la deliberación del jurado o mismo desde el dibujo animado Tom y Jerry podés extraer conceptos de daño y perjuicios».

SU PARTICIPACIÓN EN CAUSAS POR LOS DELITOS DE LESA HUMANIDAD

En su rol como Secretario, Salatino participó de la reapertura de causas por delitos de lesa humanidad durante la última Dictadura Cívico Militar tras la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (2003). Allí le tocó ser parte de la denominada Causa Camps que investigó los crímenes de Ramón Camps, jefe de la policía bonaerense durante la dictadura. «Eran delitos de altísima culpabilidad: privaciones de libertad, torturas, supresión de identidad y sustracción de menores«, recordó.

Salatino también recordó a la figura de Julio López, víctima del terrorismo de Estado y que en un período democrático, tras declarar en los juicios, está desaparecido. «Con el juez le tomamos declaración dos veces a Julio López que bueno, después lamentablemente desapareció, no se lo volvió a ver y nunca se supo concretamente en qué circunstancias».

«Julio López fue víctima de la dictadura en más de un centro clandestino de detención donde sufrió torturas.. Recuerdo a uno en donde declaraba perfectamente todo lo que le habían hecho y al momento de decir quién había sido, no podía contener el llanto, se quebraba ahí mismo», manifestó.

 

 

LA EMOTIVA HISTORIA DE LA RESTITUCIÓN DE UNA IDENTIDAD

Como parte de la trayectoria judicial, Salatino recordó un episodio muy especial: la restitución de una identidad de un persona que había sido robada siendo un bebé en la Dictadura. La realidad superando a la ficción.

«Era una persona que se había hecho el ADN en el hospital Durand, pero por algún traspapelamiento, algo pasó en donde no le revelaron en ese momento y por error no llegó ese informe de ADN positivo a nosotros en el Juzgado Federal. O sea, él no lo había judicializado; él fue directamente al Durand sin judicializarlo y nos llegó a nosotros, con lo cual tuvimos que armar el expediente y lo primero que había que hacer era comunicarle a él esa situación», comenzó.

«Comunicar esa noticia requiere de una delicadeza y de un cuidado extremo. Primero, había que citarlo; no se lo íbamos a decir por teléfono, había que citarlo, con lo cual ya la situación era complicada. Lo convocamos al Juzgado para decirle que le queríamos compartir una información nada más».

«Llegó, el juez le informó. Recuerdo que estaba sentado enfrente de nosotros; se levantó una vez con ademán de irse, se volvió a sentar, se volvió a levantar, se volvió a sentar y ahí se quebró en llanto diciendo: «Pensé que ya había terminado esto». Pero bueno, dio las gracias por decirlo y se calmó».

«Al volver al Juzgado en otra oportunidad. Nos sentamos en el escritorio solo con él. Yo tenía el pequeño expediente que era para él donde estaba la información de su nacimiento y lo veía torciendo la cabeza tratando de leer. Dice: «¿Y eso?». Le digo: ´Eso es para vos. Pero te voy a ser sincero, no te lo quisiera dar ahora porque me parece que es mucho´. Y él me dijo: «Yo lo quiero ver, es mi derecho». Le di ese pequeño expediente y obviamente lo devoró en su lectura ahí mismo delante mío».

«Y de repente, está leyendo y llega al momento de su nacimiento. Se está enterando en ese momento de cómo nació. Tremendo, terrible. Y me mira y me dice: ´Leonardo, ¿soy yo?´. Digo: Sí. ´Leonardo soy yo… porque mi hijo se llama Leonardo´. Pasaron los años de ese día, pero todavía, personalmente, me sigue impactando».

MÁS DE CINE, ARTE Y DERECHO

Volviendo sobre el vínculo entre el arte y el derecho y en relación con su propia trayectoria, Salatino afirmó: «Recomiendo ver cine para la enseñanza del derecho o simplemente como algo placentero. Borges decía que la literatura tiene que generar placer y si un libro no les gusta, déjenlo; ese libro no fue escrito para ustedes. La literatura y el cine tienen que generar placer».

«Por otro lado, la conciencia. Tener conciencia de nuestra historia, de lo que nos pasó. Un país que no resuelve su historia no puede salir debidamente adelante. Esta historia tan funesta de la dictadura no la hemos resuelto todavía. Hay hijos de desaparecidos que no saben su identidad y hay personas desaparecidas; esa figura nunca debió existir. Los familiares tienen un derecho altísimo a saber qué pasó. Eso no se resolvió y debe resolverse», enfatizó.

Por último, en esa relación del cine y la experiencia personal recordó la película Matar a un Ruiseñor (1962): «se trata de un abogado protagonista que tiene que defender a una persona de raza negra en un pueblo racista, acusado de un delito de abuso sexual donde sabíamos que no había sido el autor. Todo el pueblo lo tiene en contra. La película y el libro están vistos desde el punto de vista de la hija del abogado cuando era una nena».

«Me alegro de haber podido aportar un granito de arena en cuanto a trabajar con las instrucciones. Luego vinieron las elevaciones a juicio, hubo condenas… nunca una condena es grata, pero es consecuencia de un juicio y de un veredicto de culpabilidad. O haber revelado, en el caso que te comenté y otros más en los que me tocó participar, la identidad de un hijo de desaparecidos. Considero que hice un pequeño aporte», concluyó.

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