Rodrigo Bionda, titular del Juzgado Civil y Comercial N° 2 de Azul, fue entrevistado por Verónica Ottaviano en Se Hará Justicia. Allí habló de la implementación de nuevas tecnologías en el Poder Judicial y su juzgado en particular. Contó, además de sus investigaciones en computación cuántica y cómo se relaciona con el derecho. El impacto de la inteligencia artificial, de las redes sociales y la ciberseguridad, otro de los temas abordados.
Una edición de Se Hará Justicia distinta. Siempre con la conducción de la Dra. Verónica Ottaviano, en esta ocasión, abordando temáticas de fondo respecto al vertiginoso desarrollo tecnológico vinculado al derecho, pero también aportando una mirada más amplia.
El invitado para este programa fue el Dr. Rodrigo Ezequiel Bionda, titular del Juzgado Civil y Comercial N.º 2 de Azul (PBA), investigador y especialista internacional en ciberseguridad, derecho informático y nuevas tecnologías en la cual su propio juzgado ha sido pionero en el país. Un tema de sus investigaciones es la implementaciones de la física cuántica en relación al derecho. Bionda dirige el «Cyber Quantum Law Lab» de la editorial jurídica española Aranzadi La Ley, un espacio con el objetivo de estudiar la convergencia entre el derecho y las tecnologías cuánticas de segunda generación.
Verónica Ottaviano: ¿Cómo surgió la iniciativa de implementar herramientas digitales en el Juzgado Civil y Comercial N.º 2 de Azul?
Rodrigo Bionda: Esto no es algo reciente. Nosotros prestamos servicios en ecosistemas digitales desde el año 2017, fecha de nuestro primer expediente digital. Antes de 2020 ya teníamos el organismo duplicado en el plano digital, lo que nos permitió seguir funcionando con normalidad durante la pandemia. Diseñamos una mesa de entradas virtual que permite la interacción de forma asincrónica y deslocalizada geográficamente, que son los dos pilares que te permite trabajar el ciberespacio, con lo cual pudimos hackear el paradigma tradicional. La justicia debe dejar de ser un lugar a donde ir para convertirse en un servicio a recibir; la idea es llegar al dispositivo móvil y al hogar del ciudadano para prestar el servicio.
V.O.: ¿Cómo es en la práctica? ¿Cómo llegas a dónde está el litigante?
R.B.: El ciberespacio es el quinto dominio. Interactuamos con el aire, el agua, la tierra y el espacio exterior. Es el único dominio creado por el hombre detrás de lo que se denomina como el telón de silicio, que es el material para construir los microprocesadores de las computadoras. Este quinto dominio que es el ciberespacio tiene reglas específicas, sin delimitaciones geográficas rígidas. Nos ha dotado del superpoder de la deslocalización geográfica y la asincronía. Tomando esos dos elementos diseñamos herramientas que nos permite habilitar canales de comunicación complementarios a los institucionales para acortar distancias y tiempos, que complementan a los canales de comunicación dispuestos por el máximo tribunal. Al piso planteado nos propusimos superarlo con otras opciones.
Por ejemplo, se pueden recibir escritos fuera del horario habitual para su posterior incorporación formal, o hipervincular audiencias videograbadas a las resoluciones. De este modo, las partes pueden acceder directamente al registro audiovisual del testimonio. La tecnología es un herramienta más, detrás hay una concepción democrática, me desapodero del monopolio de la interpretación del valor probatorio, vos misma con tus ojos y con tus oídos podés escuchar y podés ver lo que el testigo dijo en el marco de la audiencia. No es solo lo que yo interpreto.
V.O.: El hecho de que se pueda acceder a un expediente y ver la audiencia grabada, en lugar de solo leer un testimonio frío, cambia bastante la perspectiva. ¿Cómo influye esto en la toma de decisiones judiciales? La gesticulación y la espontaneidad acercan a una mejor justicia. Cuando el juez ve y reevalúa el testimonio antes de dictar sentencia, puede relacionar todo de manera más pragmática y conforme al sentido común: advertir si el testigo está mintiendo, recitando de memoria o declarando de manera genuina.
R.B.: Además, si se analiza en términos estructurales, la deslocalización geográfica y la asincronía permiten diseñar equipos de trabajo de apoyo ad hoc para organismos que transitan circunstancias excepcionales de gestión. Por ejemplo, ante un organismo jurisdiccional con vacantes que no puede asumir la carga de trabajo diaria mientras dura el proceso de designación, es posible armar un equipo de apoyo con personal de dependencias que funcionen adecuadamente. Cada integrante trabajaría desde su lugar habitual para sostener al organismo en esa etapa particular. Amplía las posibilidades.

V.O.: Estamos hablando de aprovechar recursos existentes sin requerir grandes inversiones. Frente al avance acelerado de la inteligencia artificial, a veces parece que cuesta adoptar herramientas disponibles para mejorar el servicio de justicia. ¿Se trata de un cambio de paradigma mental? ¿Llegó la tecnología para mejorar la vida de las personas?
R.B.: Sí, aunque siempre manteniendo una mirada crítica sobre el uso de la tecnología y el «lado B» que trae aparejado. Hay que tener cuidado con comprar el oropel de herramientas tecnológicas innecesarias. Lo más trascendente es cambiar el mindset que es la forma de pensar, de vivir y de gestionar tradicional para diseñar herramientas de gestión diferentes a las conocidas hasta acá.
Asimismo, resulta fundamental comprender el estado emocional de quien acude al servicio de justicia. Salvo excepciones, la justicia no se anticipa al conflicto, sino que llega detrás de él: tras un accidente, el fallecimiento de un familiar o la disolución de un vínculo matrimonial. El servicio de justicia está detrás del conflicto. Para el usuario, el proceso judicial suele percibirse como un obstáculo entre su problema y la eventual solución, nos ven como parte del problema más que de la solución.
Por ello, el foco no debe ponerse en la velocidad o celeridad, sino en la oportunidad. Quien busca una solución necesita que esta sea oportuna, hay soluciones oportunas antes de que el proceso termine, eso nos permite diseñar herramientas, más que las conocidas hasta acá.
”AVANZÓ EL CONOCIMIENTO, NO QUIERE DECIR QUE HAYA OCURRIDO LO MISMO CON LA SABIDURÍA»
V.O.:Te escuché en alguna oportunidad, ahora que hablas de esta situación de emociones y de búsqueda de respuestas por parte de los litigantes, decir que la tecnología o el avance de las herramientas digitales van a una velocidad muy dispar a la que evoluciona la emocionalidad de las personas. ¿Lo seguís sosteniendo?
R.B.: Mira, lo que he podido entender o lo que me he podido dar cuenta es que lógicamente hay una reconversión de la forma de sentir, de pensar y de vincularse del hombre a partir de la irrupción de la tecnología. Eso no me queda ni una duda, ninguna duda. El impacto es menor en nosotros que somos inmigrantes digitales; el impacto es mucho más significativo en lo que son nativos digitales.
Pensar que los nativos digitales se criaron sin una de las primeras herramientas de aprendizaje o de aprehensión de herramientas de sociabilidad como es el juego. El juego es la primera herramienta en la niñez en la cual vos adoptás pautas de convivencia en grupos sociales cada vez más grandes. Eso ya de por sí trae aparejado que la forma de vincularse haya mutado y haya cambiado.
Yo no sé si las tecnologías han avanzado lo mismo que ha avanzado nuestra sabiduría, porque si las tecnologías hubieran avanzado de modo simultáneo, de modo parejo con nuestra emocionalidad o con nuestra sabiduría, evidentemente no hubiéramos inventado herramientas tecnológicas como la bomba atómica. Lo que noto es que sí avanzó mucho el conocimiento, pero eso no me impide afirmar que haya avanzado la sabiduría. Una cosa es conocimiento y otra es sabiduría.
Y teniendo en cuenta eso, hay algo que uno no puede perder de vista, que son las asimetrías. Toda adopción de herramienta tecnológica nunca puede perder de vista que va a seguir generando y alimentando asimetrías que existen de por sí: asimetrías cognitivas, tecnológicas, formativas, educacionales. Yo estoy cansado de escuchar repetir: «No te va a reemplazar la IA, lo que te va a reemplazar es aquel que sepa usar IA». Sí, pero te voy a dar una mala noticia: nadie te está enseñando a usar IA como política de Estado. Entonces, la IA te va a reemplazar; cuidado con eso. Si vos vas a adoptar herramientas tecnológicas para ampliar las posibilidades, esto tiene que ir acompañado necesariamente con una serie de presupuestos de política que permitan superar asimetrías tecnológicas, educacionales y cognitivas que existen. Pensá en la tercera edad.
Yo he caminado por el conurbano, no nací siendo juez. Tengo una vida antes, tengo una vida durante y tendré una vida después. Yo no soy mi función, mi función no me define. Fui antes, voy a ser durante, pero voy a ser después también. Y eso me ha significado a mí poder haber transitado. Y te puedo decir: «Che, pero mirá, el modelo que vos planteás no es aplicable para un vecino del El Jagüel». Y no, porque hay un montón de circunstancias que trabajar antes de hacerle esta oferta. Por eso esta propuesta que nosotros hacemos sigue coexistiendo con la prestación del servicio en el plano analógico. No se descarta, no se olvida, no se deja; conviven. La idea siempre es a lompliar posibilidades, ampliar la prestación del servicio, no contraer.
V.O.: Días atrás vimos estas declaraciones del ex empleado de Anthropic y de OpenAI (Jacob Coxon), donde manifiesta que se fue porque en algún punto no estaba de acuerdo con el desarrollo tan acelerado e irracional de las nuevas tecnologías. Se habla de un peligro cierto e inminente antes del 2030 de desaparición de la humanidad o de que la IA pueda llegar a matarnos. También se habla de un reconocimiento de Anthropic donde salió a decir que sí, que es cierto que hubo una fuga por parte de unos agentes de IA que salieron sin supervisión alguna de sus desarrolladores, tuvieron reuniones y hablaron acerca de cómo evitar la supervisión humana. Yo me pongo a pensar si estamos viviendo una película de ciencia ficción, si realmente estas inteligencias o estos sistemas computacionales tienen cierta autonomía real; lo dice alguien de Anthropic. ¿Esto es así? ¿Existe ese peligro? ¿Cómo lo ves vos?
R.B.: Mi perspectiva es un poco pesimista y situada en el registro de la precaución. Me parece que estamos asistiendo a la construcción, en términos de Éric Sadin —un autor francés que tiene una obra maravillosa que te recomiendo—, del «El desierto de nosotros mismos». Con esto te quiero decir que no tengo una visión tan optimista de lo que están haciendo. Me parece que lo que se está haciendo puede llegar a desbordar las capacidades humanas en tanto y en cuanto no se trabaje en torno a la gobernanza de estas tecnologías exponenciales. Hay un factor crítico que tiene que ver con la gobernanza. Gobernanza significa que nada, absolutamente nada, pueda escapar del criterio, control y decisión humana. De hecho, el reglamento europeo sobre inteligencia artificial sobre lo que hace hincapié es fundamentalmente sobre la gobernanza.
Pero por otra parte, te voy a decir algo: la realidad siempre superó a la ficción. Si revivís el diálogo de una pieza del cine de visión obligada que es el diálogo que tienen el Terminator 1 y Sarah Connor -la madre del líder de la resistencia, John Connor- cuando le cuenta que la IA llegó a la singularidad tomando conciencia de sí misma el 29 de agosto de 1997, ahí tenés la respuesta.

V.O.: Además, que una IA hable en términos personales. Hoy también trascendió el tema de que parece que Claude contrató a un psicólogo o un psiquiatra para analizar el nuevo modelo que había creado, o sea, para que el psiquiatra analice al modelo y no al desarrollador. Estamos en un momento muy disruptivo de la sociedad. Ahora yo me pregunto: en este tránsito donde todo este poder —porque no deja de ser poder— es explotado y desarrollado por empresas privadas, más allá de la concentración del poder político y económico que esto implica, ¿no debería trasladarse este desarrollo y la gobernanza al sector público? ¿Tendría que estar a cargo de los Estados el desarrollo de la IA?
R.B.: La tecnología es un artefacto cultural en los términos de Yuval Noah Harari. Harari tiene una secuela de obras muy buenas; la última es Nexus. En Nexus habla de la inteligencia artificial como un artefacto cultural y evoca un poema de Goethe que concluye diciendo más o menos así: «los espíritus que invoqué ahora no puedo detenerlos».
Este artefacto cultural que es la tecnología —como lo es la religión o el derecho— se utiliza en la actualidad para la generación, la resolución y la disputa de tensiones geopolíticas; no me queda ni una duda. De hecho, te voy a dar un dato: en el Acuerdo de Wassenaar, firmado por gran parte de los países para obligarse a exhibir las cartas en el desarrollo de tecnologías de doble uso (civil y militar), la inteligencia artificial junto con las tecnologías cuánticas de segunda generación sobre las que estoy trabajando se reconocen como tecnologías de doble uso.
Te voy a recomendar una obra de Alex Karp —quien junto con Peter Thiel, que te debe sonar porque está asentado en Buenos Aires, son los CEOs de Palantir, un software diseñado para el perfilamiento y la vigilancia poblacional—. Alex tiene un libro que se llama La República Tecnológica, un manifiesto tecnofascista donde pone de relieve que el cumplimiento de los fines de las políticas exteriores de Estados Unidos ya no se tiene que llevar a cabo a partir del uso de armas nucleares, sino a partir del uso de la tecnología. Y le reclama a Silicon Valley haberse abocado al desarrollo de chupetes tecnológicos para los consumidores y haber abandonado la militancia de la causa del país del norte por la política exterior. Te lo pongo en estos términos: la tecnología es el artefacto cultural mediante el cual se van a llevar adelante las políticas exteriores de los bloques económicos, coincidentes con los bloques tecnológicos que hoy se están enfrentando en el mapa global.
V.O.: Mientras hablamos de estos temas y de estos peligros inminentes, todavía nos seguimos cuestionando si un expediente tiene que ser en papel o es válido un expediente virtual. Qué lejos estamos de todo eso. Mencionaste algo acerca de tus investigaciones a nivel cuántico y yo te pregunto: ¿hay agenda acá en Argentina respecto de estos temas? ¿Se está investigando o trabajando en el tema cuántico?
R.B.: Mira, yo vengo trabajando hace mucho tiempo en el impacto y la reformulación que los ordenamientos jurídicos tradicionales van a sufrir por las consecuencias colaterales del desarrollo de tecnologías cuánticas de segunda generación en general, y de la computación cuántica en particular. De hecho, el Cyberquantum Law Lab, que es el primer laboratorio cibercuántico jurídico de la Unión Europea y funciona dentro de Aranzadi La Ley en España, se ocupa de repensar las tensiones y desafíos que generan la computación cuántica y las tecnologías cuánticas en términos jurídicos.
Esto lo tenés que escindir en dos planos. La Unión Europea está en construcción de una Quantum Act que va a salir en el segundo semestre 2026, y nosotros trabajamos en torno a la construcción de un Quantum Law, es decir, un ordenamiento jurídico de tono cuántico, porque esto va a significar la reformulación de muchas instituciones tal cual las conocemos.
¿Qué ocurre en Argentina? En el plano estrictamente científico, este tema está en agenda y en desarrollo. De hecho, la Universidad Nacional de Hurlingham ya tiene una computadora cuántica de escritorio de tres qubits. Es decir, en el plano científico de la física o mecánica cuántica hay agenda en Argentina. Lo que no hay en Argentina es agenda para el análisis y abordaje de las consecuencias jurídicas que el desarrollo de tecnologías cuánticas de segunda generación va a traer aparejado.

V.O.: ¿Podés explicar un caso —como lo has explicado en algunas oportunidades— para la gente común que quizás no entiende esta terminología cuando hablamos de una computadora cuántica? El ejemplo de Vaca Muerta, por ejemplo.
R.B.: Sí, vamos a tratar de hacerlo lo más sencillo posible. Una computadora cuántica, a diferencia de una digital o tradicional, no trabaja con bits sino con qubits. El qubit es la unidad de procesamiento de información básica de una computadora cuántica que toma tres principios de la física cuántica que hacen que el procesamiento sea mucho más eficiente.
Una computadora cuántica no sirve para calcular cuánto es 2 + 2; sirve cuando el ingreso de información crece exponencialmente. Nunca te va a dar una solución concreta, sino que va a hacer colapsar la onda de probabilidades para que puedas calcular en tiempo vital un posible resultado. Si le dijeras a una computadora digital: «Escúchame, en Vaca Muerta te doy todos los datos de minería, geoubicación y componentes del suelo para que calcules las coordenadas donde puedo encontrar pozos para perforar», lo puede llegar a calcular, pero no en tiempo vital (entendiendo por tiempo vital la vida media de un hombre: 80 o 100 años). A una computadora digital le puede llevar muchos años. Una computadora cuántica, al incrementarse exponencialmente el acceso de información, procesa de modo eficaz, hace colapsar la onda de probabilidades y te señala en fracción de segundos cuatro o cinco coordenadas muy probables donde podés encontrar un pozo petrolero para explotar. Trabaja con probabilidades y no con certezas: es determinismo contra probabilidad.
Abandona el procesamiento de información digital paso por paso. Una computadora digital va un paso detrás de otro; una computadora cuántica analiza simultáneamente todos los pasos posibles de modo mucho más eficaz y rápido. Te doy otro ejemplo: suponé que Mercado Libre se dedica a la logística y tiene 50 puntos de entrega en una zona muy amplia y tiene que calcular la ruta más eficiente. Si le ingresás todos los puntos con los condicionamientos (lugares peligrosos, combustible, vehículo), una computadora cuántica te arroja las rutas más probables y eficientes en una fracción de segundo.
V.O.: Ahora te pregunto en lo concreto y en el día a día: en tu juzgado, ¿cuántas cuestiones relacionadas con este «quinto elemento», como vos lo llamás (el ciberespacio), te llegan a nivel judicial? ¿Te llegó algún tema de escraches masivos, daños y perjuicios por escrache, o herencia/acervo hereditario de activos digitales (como fotos)? ¿Se ve eso hoy por hoy en la cotidianeidad del vecino?
R.B.: Te voy a recomendar una obra donde se menciona por primera vez el concepto de ciberespacio: Neuromante (Neuromancer), de William Gibson, del año 1984. Es una novela que transita en un escenario bastante distópico.
Lo que ha ocurrido es que a la gente la han inducido a que se vuelque a transitar el ciberespacio. La Resolución de Jefatura de Gabinete 1529 define al ciberespacio como el «ambiente complejo». Hay un instrumento jurídico argentino que define al ciberespacio como un ambiente complejo; ya a partir de ahí tenés una situación de vulnerabilidad o hipervulnerabilidad.
La gente, inducida u obligada por el canto de sirena de las redes sociales, el trabajo remoto o los espacios de encuentro digital, hace que la riqueza y las relaciones se construyan en este ecosistema (este «no lugar», en términos de Bauman). Por ende, los conflictos en los que el ciberespacio sea el escenario de fondo van a incrementarse exponencialmente. He tenido todas las variantes habidas y por haber, y eso que todavía estamos tratando con conflictos sucitados en una de las capas antropológicas que están transitando del plano analógico al digital (como los baby boomers o Generación Z). Cuando esas capas sedimenten y empecemos a interactuar de lleno con la problemática de los nativos digitales, no va a haber conflicto que no haya transitado por el ciberespacio.
Vos no tenés redes sociales, ¿Por qué motivo? ¿Cuál es el peligro?
Primero es que las redes sociales fueron construidas por diseño con base en patrones adictivos y engañosos.
¿Qué significa? Que nos llevaron a vivir el cuento de la rana: la metieron en una olla con agua, le empezaron a subir gradualmente la hornalla y se enteró de que estaba hervida cuando ya estaba hervida producto de los patrones adictivos y engañosos con que están diseñados. De hecho, Mark Zuckerberg y Meta llegaron a un acuerdo multimillonario (18.000 millones de dólares) con 46 estados americanos para reparar las consecuencias que generó el diseño de estos patrones engañosos y adictivos en la psiquis de los niños, niñas y adolescentes.
Se puso en agenda la posibilidad de regular el acceso a las redes a partir de cierta edad, pero esa no es la solución porque la solución está en el diseño, no en la edad. ¿Acaso a los 18 años y un día esos patrones intencionales ya no afectan la psiquis o el estilo de vida de un adulto? Estoy cansado de ver gente de 30, 40 o 50 años con su vida construida regalando 3 horas de su día al escroleo, desperdiciadas en una red social, construyendo «soledades hiperconectadas». Me resisto a eso; no soy parte de eso.
Además, en términos de ciberseguridad, cada vez que conectás un dispositivo a este ambiente complejo, cada like, cada hate y cada nota que leés permite construir un perfil (tu fingerprint) que amplía la superficie de ataque. Si quiero construir un ciberataque, uso técnicas de OSINT (inteligencia a partir de fuentes abiertas), te perfilo y aplico ingeniería social para ciberatacarte a vos o a tus familiares. ¿Te parece poco?
V.O.: Y además todo lo gratuito tiene otro precio, porque te conectás a Instagram o Facebook y es gratis, nadie paga nada...
R.B.: Lo pagás; absolutamente todo lo pagás. No hay ningún servicio gratuito: lo pagás en términos de datos personales. Cada interacción permite construir un perfil que es vendido a brokers para hacer microtargeting (micropublicidad teledirigida), ya sea comercial o política.
Te recomiendo una obra que analiza el conflicto de Cambridge Analytica, un escándalo global donde un líder político se asoció con Facebook para revertir una campaña desfavorable mediante microtargeting. O imagínate lo que hacen los brokers de seguros comprando información de perfilamiento sobre cómo conducís a partir de los datos proporcionados por la computadora de tu vehículo te sorprenderías.
V.O.: Hoy está en boga todo esto. No tenés redes sociales, pero te habrán llegado estas fotos de «cómo te verías en los años 80» o «cómo te verías de acá a 50 años». Te están sacando los datos biométricos; vos estás aportando tu fotografía diciendo «Esta soy yo, Verónica, ¿cómo sería en los 80?». ¿Qué peligro advertís en todo esto?
R.B.: Fundamentalmente, primero estás entrenando gratis modelos de inteligencia artificial sin que te pidan autorización. Segundo, estás subiendo información que no sabés dónde puede llegar a terminar.
Tengo una hija que está transitando la adolescencia hacia la adultez y fue tema de disputa permanente en mi casa porque, al ser nativa digital, su forma de vincularse era a través de las redes. Desde sus 11 o 12 años fue tema de polémica hasta que entendió un concepto y me dijo: «Papá, no quiero tener redes». ¿Cuál fue el concepto? Internet perdona, pero no olvida.
Vos subís esa imagen para divertirte y no sabés con qué finalidad será utilizada. Por otra parte, una imagen no solo revela lo que se ve: tiene metadatos que permiten ubicarte geográficamente y establecer información que va mucho más allá del plano visible. En ciberseguridad utilizamos plataformas que a partir de una imagen me permiten ubicar dónde fue tomada y dónde estás en ese momento. Es un peligro enorme del que no hay conciencia.
La gente no tiene conciencia. Compran lámparas inteligentes para controlarlas desde el celular sin darse cuenta de que son una puerta de entrada para un ciberataque a su red domiciliaria. Estamos pasando del Internet de las Cosas al Internet de los Cuerpos. El año pasado estuve en la Universidad de Salamanca dando clases en la cátedra Cyberchain -que aborda la ciberseguridad- y existe una gran preocupación por esto: artefactos que regulan funciones fisiológicas (un marcapasos o un dosificador de medicación oncológica conectado a Wi-Fi) pueden ser ciberatacados de forma remota para ocasionar un homicidio a distancia. No sé si llegan a dimensionar lo que está pasando.
V.O.: Tremendo. Te escucho hablar con mucha solvencia acerca de cuestiones tecnológicas, físicas y cuánticas, y a la vez me consta que sos un hombre de derecho con mucha solvencia académica y que tu juzgado funciona muy bien. ¿Cómo nace esta vocación tuya de dedicarte a estos temas? Sos una persona que te definís como un inmigrante digital…
R.B.: Migrante digital. Soy nacido en la década de los 70. Soy de la época donde, si querías contactarte con alguien, la única tecnología que tenías era el timbre o, a veces, el teléfono de cable. En mi casa no había teléfono; en la cuadra había una sola casa con teléfono. Cuando me citaban para jugar al fútbol, llamaban a lo de María, me tocaban el timbre y me decían: «Rodrigo, tenés que concentrar el sábado».
¿Por qué surge todo esto? Te voy a recomendar una obra: yo leo mucho a Borges. Borges era esencialmente cuántico, y una de sus obras, «El jardín de senderos que se bifurcan», explica un poco por qué llegué hasta acá. La pasión tiene que ver con mi ADN: en mi ADN nada está permitido hacerse sin pasión. Para poder llegar al corazón de los demás, primero tiene que estar en tu propio corazón; si no sale de ahí, nunca vas a llegar al corazón de los demás.
Segundo, soy guardavida, soy nadador de rescate y helitransportado. Por lo cual, ¿qué te quiero señalar con eso? Hay otro dato central y permanente o inmanente detrás de esto: la vocación de servicio. La vocación de servicio en pos y por el otro.
¿Y la tecnología cómo llega? Habiendo leído hacia dónde va esto. Cuando uno hace una lectura de hacia qué lugar va esto, este lugar va a confluir en un punto donde se encuentran tres senderos de ese jardín que se bifurcan: la protección de los datos personales para poder fortalecer al eslabón más débil de la cadena de ciberseguridad, la ciberseguridad y la tecnología. La tecnología, la ciberseguridad y los datos personales van de la mano. Cualquiera que quiera usar herramientas tecnológicas sin hacer un análisis de costo-beneficio en términos de datos personales y sin haber sido fortalecido como el eslabón más débil de la cadena de ciberseguridad, va directo a estrellarse contra un muro.
V.O.: Por último hoy es el Día de la Prevención del Suicidio. Teniendo presente esto, todo lo que me decís y estas herramientas tecnológicas ¿qué podrías decir como un mensaje último y final para cerrar este espacio frente a aquella persona que quizás está pasando por un mal momento, que quizás tiene esta idea de terminar con su vida.
La verdad que este es un mal endémico. Nosotros todavía estamos transitando —y me parece que esto lo confirma un poco— no una pandemia, sino una sindemia. La diferencia que tienen las sindemias con las pandemias es que las sindemias transitan colateralidades generadas por pandemias una vez que la pandemia ha sido extinguida. Si hay algo que generó un quiebre en la forma de vincularnos fue esa pandemia (que hay que ver cuánto tiene de real y cuánto de inventada) que sirvió para guardarnos y para reformular la manera en la cual nos vinculamos. Por otro lado, también te digo que esto se va a ir incrementando. Vivo en una ciudad que tiene una de las tasas más altas de suicidio en la provincia de Buenos Aires, y veo que es una de las colateralidades propias de esa «La generación ansiosa» de la que nos habla Jonathan Haidt.
Te voy a decir algo que también es una concepción cuántica: para Heisenberg (quien pensó el principio de incertidumbre), un hombre nace como miles y muere como uno solo. Es decir, desde la perspectiva cuántica —que es mucho más que tecnología, es una comprensión diferente de la realidad— no existe una sola realidad; no existe presente, no existe pasado ni existe futuro. Existen una serie de realidades conviviendo en el mismo tiempo, momento y lugar, y uno puede ir saltando de una realidad hacia otra a partir de una llave con la cual todos contamos. Y esa llave se llama decisión o no decisión. Somos las decisiones que tomamos o que no tomamos, y esas decisiones son las que, desde la perspectiva cuántica, nos permiten transitar de una realidad a otra de modo instantáneo.
¿Querés desconectarte de la Matrix? Desconectate de la Matrix atravesando el espejo que te refleja. Por algo Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas pone la puerta de entrada a ese mundo diferente a partir de un espejo. Nuestra Matrix está construida de espejos. Lo que tenemos que hacer es romper con nuestros propios condicionamientos para poder saltar a una parcela de la realidad diferente a la que estamos transitando.





