El destacado cantante y compositor Guillermo Fernández habló al aire de FM Secla previo a su presentación con el espectáculo «Mirando al Sur» en el Teatro Roma de Avellaneda. Estará acompañado por el guitarrista César Angeleri y con la presencia especial del cantante y vecino de Avellaneda, Walter «El Chino» Laborde. El artista repasó su historia ligada al sur del Conurbano, sus influencias y los detalles del show. Un show que tiene una entrada general de $20.000 y de $10.000 para aquellos vecinos de Avellaneda que presenten el TSG al día.


 

Leonardo Martín: ¿Qué esperar del espectáculo que vas a presentar este jueves 17 de septiembre en el Teatro Roma? 

Guillermo Fernández: Mirando al Sur es un viaje a través de los años. Siempre digo que armé una especie de retrospectiva nostálgica, musical y poética, donde voy a recorrer un poco los recuerdos de mi infancia y mi adolescencia, porque yo fui criado en Wilde. Así que va a ser un poco eso: volver a caminar los senderos de mis primeros pasos en la música y la importancia que ha tenido el Sur en el desarrollo de mi carrera de más de 60 años con el tango.

¿Qué influencias tuviste en esa etapa inicial de tu vida? ¿Qué músicos se escuchaban en tu casa?

En mi casa se escuchaba la música que mi mamá y yo decidíamos, porque mi mamá era música y yo también. Desde los dos o tres años escucho música. Cuando tenía cinco años, mi papá me regaló un combinado: un mueble grandote que adentro tenía una radio a válvulas y un pasadiscos. Como era un mueble usado, venía con muchos discos viejos de pasta. Yo los ponía a escuchar y, a los cinco años, esos discos eran de música clásica contemporánea rusa: Stravinsky, Prokófiev, Khachaturian… Me la pasaba escuchando eso. Hasta que un día, a los cinco años, un primo me regaló un long play de Gardel y fue una bisagra en mi vida.

 

 

Una especie de epifanía a los cinco años…

A partir de los cinco años, Gardel empezó a ser parte de mi vida. Eso fue en Wilde. Yo tenía mi casa en Wilde y en el barrio de San Telmo estudiaba, en la escuela Santa Catalina, y mi papá tenía su negocio allí. Así que me crié entre San Telmo y Wilde. Wilde era mi casa, pasé mi jardín de infancia ahí, mis amigos son de Wilde. Recuerdo que nos íbamos a andar en bicicleta solitos, teniendo 10 u 11 años, desde Wilde hasta Villa Domínico bordeando las vías. Tengo recuerdos muy lindos. Es más, voy a cantar una canción que le escribí a Wilde, que se llama La vieja Cruz del Sur. Cuando la grabé, fui a grabar el sonido de la salida del tren y de la bocina de la máquina que estaba por salir de uso. Así que la estación de Wilde está dentro del disco.

Después de Gardel, ¿qué otras cosas escuchabas en tu infancia y juventud que traés a este espectáculo?

Yo cantaba mucho folklore de chico, así que va a haber mucho folklore. En la adolescencia me crié escuchando al Flaco Spinetta y a Charly, así que va a haber una canción de Spinetta.

Te acompaña César Angeleri en guitarra…

César es uno de los mejores guitarristas de la historia de la música popular argentina. Hace 22 años que estoy con él. Es el gran maestro de muchos de los grandes guitarristas jóvenes de hoy. Junto con Juan Falú, tuvieron durante muchos años la cátedra de Tango y Folklore del Manuel de Falla.

Y también va a estar como invitado Walter «El Chino» Laborde. ¡Cuánto tango hay en Avellaneda!

El Chino Laborde es mi hermano del alma, trabajamos juntos desde el 2001, cuando hicimos El romance de Romeo y Julieta que estrenamos justamente en el Teatro Roma de Avellaneda. Después fue un éxito tremendo en la calle Corrientes, pero el estreno fue en el Roma con Florencia Peña, Luis Longhi y el Chino Laborde. Además, en el show voy a hacerle un homenaje a Eladia Blázquez, otra gran avellanedense que fue mi amiga del alma.

¿Por qué pensás que el Sur está tan atravesado por el tango y la música?

Tiene que ver con el Riachuelo, con el puerto, con la llegada de tantos inmigrantes y con que fue un polo industrial muy grande con muchos obreros y trabajadores. Por eso el tango es la música popular por excelencia. Es increíble cómo una música tan poética haya sido tan extremadamente popular. Yo lo hablaba con Cátulo Castillo: le preguntaba cómo podía ser que mi viejo, que era un adoquín con tercer grado, llorara al escuchar sus letras. Cátulo me dijo: «Un momentito, yo no soy ningún intelectual, soy un poeta». El tango tiene eso. El Sur es tu viejo que fue una abeja en la colmena con las manos limpias, la planta de jazmín, las fiestas por las cosas sencillas. Todo eso es el Sur.